miércoles, 5 de septiembre de 2012

Capítulo 8

Estaba completamente perdida, ¿había oído bien lo que Harry me acababa de decir? ¿Gerard, novio de Frank? Y nadie ha podido tener la delicadeza de avisarme antes, un simple comentario inocente, un: ‹‹Hola, soy Frank, estoy saliendo con Gerard››. No, me tengo que enterar después de besarle. Espera, yo no le había besado, nos besamos. Fue mutuo, él no se apartó ni hizo nada por evitarlo. Mi cara de estúpida tuvo que ser evidente, porque mi expresión se reflejó en la cara de Harry.


-No me irás a decir que no sabías que Frank y Gerard están juntos, ¿verdad?

-Pues claro que no lo sabía, ¡no soy adivina! -había pasado del desconcierto al enfado, y lo estaba pagando con Harry aunque no tuviera la culpa. -Pero él también me ha besado, no he sido solo yo…

-Seguramente Frank siga en la biblioteca, voy a hablar con él y a solucionar todo esto. Si es cierto lo que dices, tendremos que ver qué hacemos. Pero como sea mentira, me encargaré personalmente de que Gerard se entere de que su “apreciada amiga” va acosando sexualmente a su novio mientras él se retuerce de dolor.

-¡Eso no es verdad! -Harry no me creía, y no tenía razones para hacerlo, pero yo había dicho la verdad.

Una lágrima volvía a amenazar con caer por mi mejilla mientras Harry abría la puerta, cuando recordé algo que había quedado eclipsado en mi mente.

-Espera, y tú… ¿Por qué te has puesto así cuando nos has visto?

-¿Yo? No… -contestó Harry, no muy dispuesto a darme una explicación.

-¿Tengo que recordarte que hay una ventana rota ahí fuera? Por cierto, ¿te has hecho daño? No te habrás cortado, ¿verdad? -no pude evitar que me saliera mi instinto maternal, pero no olvidaba que aún no me había dicho por qué se había enfadado al verme compartiendo respiración con Frank.

-No, no te preocupes, estoy bien -ya estaba saliendo del servicio, se me iba a escapar-. ¡Voy a buscar a Frank! - me gritó desde el pasillo. Ya se me había escapado, pero yo no me iba a quedar sin saber a qué venía todo eso.

Me quedé un momento allí, sola, sin saber qué pensar. Intenté evitar mirar al espejo para no ver la demacrada imagen que me devolvería, así que me recompuse con toda la dignidad que pude después de tener la cara llena de marcas por las lágrimas, y salí a buscar a mis amigos. Yo también quería saber qué había pasado, y quería escucharlo de boca de Frank. Además, mis cosas seguían en la biblioteca y tenía que cogerlas.

Antes de abrir la puerta de la biblioteca pude escuchar las voces de Harry y Frank en un tono bastante elevado. Por un momento me sorprendió, pero después recordé que la biblioteca estaba vacía y la bibliotecaria había salido durante su hora de descanso, así que no tenían por qué hablar en susurros.

De repente escuché algo que me dejó helada, algo que nunca pensé que saldría de la boca del pequeño Frank. Mi mano se quedó paralizada en el picaporte cuando la voz de Frank resonó en el eco de la gran sala haciendo que la frase se repitiese hasta quedar perdida: “Quiero quitar a Equis de en medio”.

No pude entrar en la biblioteca y seguí escuchando detrás de la puerta. Tenía que haber una explicación lógica para eso. El dulce Frank, el único que me había defendido de los ataques de Harry, al que yo consideraba algo muy cercano a un amigo, no podía estar diciendo lo que acababa de oír.

-¿Cómo quitarla de en medio, Frank? Hace media hora la estabas besando y ahora…

-Precisamente así pretendo quitarla de en medio.

-No entiendo nada, o me lo explicas o así no avanzamos -Harry parecía tan descolocado como yo, y no me extraña en absoluto.

-A ver, cómo te explico esto… Ya sabes que, desde que apareció Equis, Gerard ha estado diferente. Parecía otro, no era el mismo de siempre. Y especialmente conmigo estaba distinto, más distante por decirlo de alguna forma. Ya lo viste en el hospital, no había forma de hacer que Equis estuviera cinco minutos fuera de la habitación de Gerard…

-Espera, espera. Frank,  ¿me estás diciendo…?

-Que Gerard siente algo por Equis, sí, ¡joder!

-Frank, eso no puede ser, ¡Gerard te quiere a ti!

-Venga ya, Harry, ya la has visto, Gerard pierde el culo por ella. ¡Y no pienso permitirlo! No he luchado tanto por nuestra relación para que ahora venga Equis a tirarlo todo por tierra. ¡No!

-Frank, esto no tiene sentido. Y aunque fuera así, ¿qué ganas besándola? 

Eso, Frank, explícanos por qué narices me has besado.


miércoles, 28 de marzo de 2012

Capítulo 7

Ahí estaba yo, llorando como una estúpida sin ninguna razón. Acababa de besar a un chico maravilloso, pero ver a Harry me había hecho desmoronarme. No me importaba estar sentada en el suelo de aquel servicio asqueroso, ni si alguien me estaría escuchando.

Oí abrirse la puerta y traté de contener las lágrimas. Nunca me ha gustado llorar en público, así que me pareció una buena razón para intentar tranquilizarme y encontrar una explicación a todo eso. Pude oír cómo los pasos se alejaban y se acercaban lentamente de mí y finalmente sentí cómo el peso de un cuerpo se apoyaba contra mi puerta, contra la que yo estaba sentada.

-Equis, ¿estás bien?

No pude contestar. La dulzura de la pregunta hizo volver el nudo de mi garganta y tan solo pude soltar un leve sonido que ni yo misma pude interpretar.

-Sal, por favor, hablemos.  

Por un momento el mundo comenzó a darme vueltas y tuve que apoyar mis manos en el suelo para estar segura de que no me movía. Harry estaba allí, como si nada hubiera pasado, como si en la biblioteca no hubiera una ventana hecha añicos.

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Yo solo quería ser amiga de estos chicos, al fin y al cabo eran los amigos de Gerard y se lo debía por todo lo que le estaba haciendo pasar. Pero sin saber cómo había terminado besando a uno, enamorándome de otro…

Un momento, ¿he dicho yo eso? No me he enamorado de Harry, no puedo, no quiero quererle. Él me odia, no puede ser.

No, no le quiero. Simplemente estoy confundida por todo lo que ha pasado, mi cabeza me está jugando malas pasadas. Sí, debe de ser eso…

Sin saber por qué, me puse en pie en el estrecho cubículo, abrí la puerta y le pedí que entrara con un movimiento de cabeza. Algo en mi interior me impedía mirarle a la cara, así que me concentré en un bonito corazón alado que había dibujado en la pared.

Estuvimos en silencio un tiempo que puede ir desde segundos a horas, cada vez que lo recuerdo es un silencio distinto. De lo que estoy completamente segura es de que yo no pensaba abrir la boca. Era Harry quien se había comportado de una forma fuera de lo normal, yo solo había besado a un chico y no hay nada de malo en ello.

Finalmente, el incómodo silencio se rompió.

-¿Hay alguna explicación lógica para lo que ha pasado ahí dentro?

-¡A ti qué te importa! -no pude evitar que estas palabras salieran de lo más profundo de mi alma. ¿Me espiaba, se enfadaba sin motivo y encima venía a pedirme explicaciones? No, señor, en mi mundo las explicaciones debería pedirlas yo.

-La verdad es que a mí no me importa en absoluto -mentira, podía verlo en sus ojos-, pero no creo que a Gerard le haga mucha gracia que vayas besando a su novio.

¿Qué qué qué?


__________________________
Esta vez no he tardado tanto en subir, así os compenso por todo este tiempo...
Como podéis ver, ya vamos entrando en materia, a partir de aquí ya no me hago responsable de lo que pueda pasar, ¡los personajes actúan por sí mismos!
Tengo que darle las gracias a mi hermana (pesada!) por darle vida a la historia y darme más ideas para seguir. Y a los que la leéis, que parece que ya vais siendo más (un comentario no estaría de más...)
No me enrollo más, ¡espero que os haya gustado!

lunes, 26 de marzo de 2012

Capítulo 6

Ahora que Gerard está mejor y le han dado el alta en el hospital, yo he vuelto a ir a la universidad. Ya no tiene sentido que me quede en casa sin hacer nada, y tampoco es bueno que pierda tantas clases. Harry se ofreció voluntario para ir a casa de Gerard a cuidarle, así que supongo que no le veré en la universidad. A los que sí he vuelto a ver son a Frank, Danny y Dougie. Últimamente comemos juntos y estoy empezando a conocerles mejor.

Al tercer día de nuestra vuelta a clase, Danny y Dougie se fueron a jugar un partido de fútbol durante el descanso después de comer. Yo tenía un examen importante al día siguiente, así que fui a estudiar a la biblioteca, y Frank me acompañó porque no tenía nada mejor que hacer. La biblioteca estaba vacía, supongo que la gente normal estaría fuera tomando el aire. Mejor para nosotros, nadie nos molestaría y pudimos sentarnos en mi mesa preferida, la que estaba al fondo de la sala, al lado de la ventana. Desde mi posición podía ver el patio de la facultad, con su gran fuente y los árboles que la rodean. Justo debajo de la ventana se encontraba el camino de piedras que dirigía a los campos de fútbol, y en esos momentos ya no había nadie porque hacía rato que el partido había comenzado. Frank se sentó a mi lado y me preguntó:

-¿Qué tienes que estudiar?

-Todo este montón de fórmulas, que no hay forma de que las entienda… -la verdad es que estaba un poco agobiada con este examen.

-Déjame ver. ¡Si esto lo di yo el curso pasado y está tirado! Mira… -Frank se levantó y se puso detrás de mí para ir señalando las fórmulas mientras me lo explicaba- Con este resultado, sustituyes esta incógnita y…

Yo intentaba seguir sus explicaciones, pero cada vez me resultaba más y más difícil. Frank se había inclinado hacia delante, y podía sentir su respiración en mi nuca. Su voz sonaba tierna, como si hablara con un niño pequeño, y eso me hacía adorarle un poquito más. Sin querer, me quedé embobada mirando los tatuajes que adornaban el brazo que señalaba mis apuntes. Mi mente se evadió y empecé a imaginar qué significado tendrían para Frank todos aquellos trazos. Nunca se lo había preguntado, tal vez porque podía resultar una pregunta demasiado personal y podría incomodarle. No sé cuánto tiempo pasé perdida en mi mundo, pero cuando me di cuenta Frank había dejado de hablar.

-¿Me sigues?

-¿Qué? -obviamente, no le seguía. Perfectamente podría haber estado hablándome de física cuántica o de su tía abuela, que no me habría enterado- Perdona, no estaba…

Me giré para mirarle de frente y encontrar esa sonrisa que le hacía parecer el chico más dulce del mundo. Tenía sus ojos clavados en mí, y sentí cómo el espacio entre nuestros rostros se hacía más pequeño, cada vez más y más pequeño hasta desaparecer. Sus labios sabían dulce, exactamente como cabía esperar de un chico como él. Nunca antes había besado a nadie, pero puedo decir que fue perfecto. Corrijo, habría sido perfecto si en aquel instante, en aquel preciso momento en el que estaba besando a Frank, Harry no hubiera aparecido en la ventana.  

Pero tuvo que aparecer, y mirarme, y hacerme sentir como la peor persona del mundo. No sé por qué, en realidad yo no estaba haciendo nada malo, pero ver aquellos ojos tan intensos de Harry mirándome a través del cristal me hizo separarme bruscamente de Frank, que se quedó mirándome sin comprender qué ocurría.

-Lo siento… No puedo, lo siento- conseguí balbucear una torpe excusa.

La cabeza me daba vueltas, y ver la expresión desconcertada de Frank me hizo sentirme peor. De repente, un gran estrépito me hizo sobresaltarme. Harry había dado un puñetazo al cristal de la ventana y había salido corriendo.

Ahora sí que no entendía nada. Si Harry me odiaba, ¿qué le importaba a él si besaba a Frank?

Porque me odiaba. Aunque en el hospital se había disculpado por tratarme mal, le notaba tenso conmigo, no era como los demás.

No pude evitar sentir un nudo en la garganta, pero no quería que Frank me viera llorar. Me levanté y salí de la biblioteca como pude, sin preocuparme de recoger mis cosas. Solo quería salir de allí lo más rápido posible, estar sola y no pensar en nada.

Cuando llegué al servicio, ni siquiera me preocupé de comprobar que no hubiera nadie. Cerré la puerta y me dejé caer lentamente hasta acabar sentada en el suelo con las rodillas encogidas. Las lágrimas no cesaban de mojar mi rostro, pero no estaba segura de cuál era la razón.