Ahí estaba yo, llorando como una estúpida sin ninguna razón. Acababa de besar a un chico maravilloso, pero ver a Harry me había hecho desmoronarme. No me importaba estar sentada en el suelo de aquel servicio asqueroso, ni si alguien me estaría escuchando.
Oí abrirse la puerta y traté de contener las lágrimas. Nunca me ha gustado llorar en público, así que me pareció una buena razón para intentar tranquilizarme y encontrar una explicación a todo eso. Pude oír cómo los pasos se alejaban y se acercaban lentamente de mí y finalmente sentí cómo el peso de un cuerpo se apoyaba contra mi puerta, contra la que yo estaba sentada.
-Equis, ¿estás bien?
No pude contestar. La dulzura de la pregunta hizo volver el nudo de mi garganta y tan solo pude soltar un leve sonido que ni yo misma pude interpretar.
-Sal, por favor, hablemos.
Por un momento el mundo comenzó a darme vueltas y tuve que apoyar mis manos en el suelo para estar segura de que no me movía. Harry estaba allí, como si nada hubiera pasado, como si en la biblioteca no hubiera una ventana hecha añicos.
No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Yo solo quería ser amiga de estos chicos, al fin y al cabo eran los amigos de Gerard y se lo debía por todo lo que le estaba haciendo pasar. Pero sin saber cómo había terminado besando a uno, enamorándome de otro…
Un momento, ¿he dicho yo eso? No me he enamorado de Harry, no puedo, no quiero quererle. Él me odia, no puede ser.
No, no le quiero. Simplemente estoy confundida por todo lo que ha pasado, mi cabeza me está jugando malas pasadas. Sí, debe de ser eso…
Sin saber por qué, me puse en pie en el estrecho cubículo, abrí la puerta y le pedí que entrara con un movimiento de cabeza. Algo en mi interior me impedía mirarle a la cara, así que me concentré en un bonito corazón alado que había dibujado en la pared.
Estuvimos en silencio un tiempo que puede ir desde segundos a horas, cada vez que lo recuerdo es un silencio distinto. De lo que estoy completamente segura es de que yo no pensaba abrir la boca. Era Harry quien se había comportado de una forma fuera de lo normal, yo solo había besado a un chico y no hay nada de malo en ello.
Finalmente, el incómodo silencio se rompió.
-¿Hay alguna explicación lógica para lo que ha pasado ahí dentro?
-¡A ti qué te importa! -no pude evitar que estas palabras salieran de lo más profundo de mi alma. ¿Me espiaba, se enfadaba sin motivo y encima venía a pedirme explicaciones? No, señor, en mi mundo las explicaciones debería pedirlas yo.
-La verdad es que a mí no me importa en absoluto -mentira, podía verlo en sus ojos-, pero no creo que a Gerard le haga mucha gracia que vayas besando a su novio.
¿Qué qué qué?
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Esta vez no he tardado tanto en subir, así os compenso por todo este tiempo...
Como podéis ver, ya vamos entrando en materia, a partir de aquí ya no me hago responsable de lo que pueda pasar, ¡los personajes actúan por sí mismos!
Tengo que darle las gracias a mi hermana (pesada!) por darle vida a la historia y darme más ideas para seguir. Y a los que la leéis, que parece que ya vais siendo más (un comentario no estaría de más...)
No me enrollo más, ¡espero que os haya gustado!