sábado, 22 de octubre de 2011

Capítulo 4


Durante unos instantes miré al grupo de chicos sin saber qué hacer ni decir, hasta que uno de ellos se levantó con lágrimas en los ojos y me abrazó. No supe qué hacer, la verdad es que no estoy acostumbrada a este tipo de muestras de afecto y menos de perfectos desconocidos. Sin embargo, le devolví el abrazo. Cuando finalmente se calmó un poco y me soltó, procedimos a las presentaciones, aunque no pude parar de pensar que esto debería haberlo hecho Gerard en lugar de estar en algún sitio dentro de aquel hospital.

-Soy Equis- dije, y pude ver cómo el chico sonreía tímidamente ante mi apodo aunque no hizo ningún comentario.
-Yo soy Frank, y estos- señaló a sus amigos, de los que tan solo dos parecían interesados en nosotros. El más alejado miraba al suelo con indiferencia- son Dougie, Danny y Harry.

Al oír su nombre Harry abandonó su interés por el suelo y me miró. No es fácil de explicar, pero en sus ojos pude ver rabia y odio. Retiré la mirada de él porque sentía que podría acabar muy mal si provocaba a ese chico. Sabía que tenía la misma edad que el resto del grupo pero al lado de Frank y Dougie parecía enorme, no del tipo de persona con quien me gustaría tener problemas. Pero algo en mi interior me dijo que los tendría, y así fue. El chico se plantó delante de mí y comenzó a mascullar algo sobre mi responsabilidad. Aunque tuve que elevar bastante la cabeza para poder verle la cara, en ese momento no temí por mí. Estaba extrañada, no comprendía de qué hablaba y su modo de hablar entremezclando las palabras como si pelearan por salir de su boca tampoco ayudaba. Alguien lo apartó de mí y le obligó a sentarse, mientras Frank hacía lo mismo conmigo de una forma más dulce. Intenté pensar en otra cosa para tranquilizarme, y por primera vez me fijé de forma detallada en los chicos.

Frank, que me sostenía por los hombros, parecía un chico normal, lo que el resto del mundo habría calificado como normal. Su mirada dejaba ver ternura y tristeza por todo lo ocurrido e inmediatamente pensé que era imposible no quererle. Cuando me soltó pude ver sus brazos cubiertos por tinta y con una sonrisa comprendí que también entraba en mi concepto de normal. A su lado Dougie jugueteaba con su pulsera ajeno a todo. Su pelo rubio y su aspecto de niño le hacían parecer inocente, pero algo en sus ojos me decía que detrás de su aspecto angelical había un demonio travieso. Inmerso en sus pensamientos, le vi sonreír por un instante y sus ojos se cerraron hasta convertirse en una diminuta línea en su bello rostro. No pude evitar pensar que estaría recordando algún buen momento junto a Gerard y aunque suene tonto me sentí mal por estar espiándole y aparté la mirada. 
Me topé con Danny y su cuerpo que irradiaba sensualidad. Era sexy y algo en sus ojos me dijo que él ya lo sabía. Estaba bromeando con Harry intentando relajar el ambiente, y la risa hizo brillar sus ojos azules. Sin embargo, algo en mi interior me hizo dudar. Los ojos de Danny eran bonitos, como los que siempre había imaginado para mi chico ideal, pero no eran nada comparados con los de Harry aunque en ese momento estuvieran nublados por la ira. Quise sumergirme en ese azul tan intenso y entender lo que pasaba por la cabeza de ese chico tan extraño. Podía averiguar lo que pensaban los demás solo mirándoles a la cara, pero la expresión de Harry era inescrutable, imposible adivinar tan siquiera lo que pasaba por su cabeza.

De repente un revuelo interrumpió mis pensamientos, y pude ver a un médico que preguntaba por la familia de Gerard. Recordé que me había contado que sus padres estaban en Irlanda, por lo que supuse que nosotros éramos lo más parecido que tenía a una familia en esa sala de espera. Nos explicó que Gerard había sufrido un traumatismo craneoencefálico, por el que había perdido el conocimiento al golpear contra el suelo, pero era leve y se estaba recuperando. Escuchar esto hizo que algo se moviera en el interior de mi pecho, y tuve que hacer un esfuerzo por contener las lágrimas de alegría. Se pondría bien y yo podría pedirle perdón por lo que le estaba haciendo pasar, aunque esto no iba a hacer que se recuperase de la noche a la mañana. Antes de irse el médico nos dijo que pronto podríamos entrar a verle y después se fue por donde había venido.

El ambiente parecía más relajado ahora que sabíamos que Gerard estaba bien, pero supe que no iba a durar mucho cuando sentí una fuerte presión en el brazo que me hizo volverme. Cuando levanté la cabeza vi a Harry sujetándome como si yo fuera a escapar de su alcance o algo parecido. No comprendía lo que pasaba por la cabeza de ese chico, era todo tan extraño… Sin embargo, donde antes había visto ira y resentimiento, ahora había algo que no supe identificar.

-¿Qué quieres?- le increpé molesta por su actitud.
-Solo quería disculparme por lo de antes. Estaba enfadado porque creía que era tu culpa que mi amigo estuviera así, pero me he dado cuenta de que me equivocaba.
-Yo…-no supe qué contestar, realmente sí era mi culpa que hubieran atropellado a Gerard, pero había algo en los ojos de Harry que me hizo quedarme sin palabras.
-De verdad, me siento fatal por cómo te he tratado. Después de todo lo que nos ha contado Gerard sobre lo que has hecho por él, debería estar agradecido en lugar de enfadarme contigo- ¿Lo que Gerard les había contado? Cada vez entendía menos. ¿Qué les había dicho sobre mí?

Mi incertidumbre debió reflejarse en mi cara, porque Frank apareció en mi ayuda.

-Gerard nos llamó en un cambio de clase y nos dijo que había conocido a una chica muy maja que le estaba ayudando con las nuevas clases y todo eso, y que la iba a traer a comer para presentárnosla. Nos pareció muy raro porque Gerard es tímido y no suele relacionarse fácilmente con la gente, aparte de nosotros, claro. Por eso supusimos que tendrías algo especial que había hecho que algo cambiara en Gerard, y nos entró la curiosidad por conocerte.

No podía creer lo que Frank estaba contando. ¿De verdad yo había hecho que Gerard cambiara? No podía esperar más para verle, comprobar con mis propios ojos que estaba bien y aclarar las ideas que no daban de dar vueltas por mi cabeza.


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Ala, aquí está el capítulo e_e
No me gusta, no pasa nada, tengo demasiadas cosas pensadas y quiero que pasen ya! Pero no quedaría bien, así que toca esperar.
Es un poco más largo, así que no os quejéis...
Acepto críticas e ideas, las amenazas se las dejamos a Jones, que se le dan bien xDD
Bye!

miércoles, 5 de octubre de 2011

Capítulo 3


Cada vez me parecía más fácil hablar con Gerard, era como si pudiese leer mis pensamientos o estuviera pasando por la misma situación que yo. Pero no podía ser, él tenía amigos en la universidad mientras que yo tan solo le tenía a él. 

Según se acercaba la hora de la comida me iba poniendo más nerviosa. Nunca se me ha dado bien tratar con los chicos, no sabía qué me iba a encontrar y no quería quedar como una imbécil delante de Gerard. Íbamos hablando sobre la clase anterior y la cantidad ingente de deberes que nos habían mandado mientras nos dirigíamos hacia la cafetería. Yo estaba tan perdida en mis pensamientos y en la suerte que había tenido al encontrar a Gerard que no me di cuenta de que el semáforo estaba en rojo. Todo pasó muy rápido, vi un coche acercarse a mí, recibí el golpe y caí al suelo. Podía oír a la gente arremolinarse a mi alrededor, gritos y llamadas de preocupación. Pero no pronunciaban mi nombre. Me dolía la cabeza del golpe, pero conseguí levantarme lentamente y vi una imagen que nunca podré olvidar. Era Gerard, tendido en el suelo. El coche le había atropellado a él después de que me empujara para salvarme, por mi culpa ahora él estaba cubierto de sangre y yo no me podía sentir peor. Es la historia de mi vida, la gente que me conoce no puede ser feliz. Debo ser gafe o simplemente no debería existir para dejar que el mundo siguiera su curso. Pero no, ahora la vida de Gerard estaba en peligro y yo no podía hacer nada.
Sentí rodar una lágrima por mi mejilla y me arrodillé junto a él, tomándole la mano. Sentí cómo apretaba mi mano levemente y no pude dejar de repetir “Lo siento” aunque sabía que él no podría comprender mis palabras. El tiempo pasaba muy despacio, no veía a la gente que nos rodeaba; solo podía pensar en Gerard, no podía dejarle ir tan pronto, no se lo merecía. Cuando había pasado lo que me pareció una eternidad un hombre vestido de uniforme trató de apartarme de Gerard para subirle a la ambulancia, pero le pedí acompañarle aunque fuera lo último que hiciera. La sangre sobre su camiseta hacía juego con su pelo escarlata, parecía tan indefenso sobre la camilla que sentí el impulso de rozar su mejilla con la punta de mis dedos.  Un escalofrío recorrió mi espalda cuando sentí su suave piel, pero un enfermero me apartó bruscamente de su lado.  Seguí observándole desde un rincón de la parte trasera de la ambulancia mientras esta se dirigía rápidamente hacia el hospital. Su cuerpo estaba lleno de heridas y su cabeza no paraba de sangrar. Los médicos decían que se había golpeado contra la carretera al caer, pero yo me sentía como si hubiera sido yo misma quien le había producido todas y cada una de las heridas. Prefería ser yo quien estaba tumbada en la camilla que pensar que Gerard estaba sufriendo por mi despistada cabeza.

Al llegar al hospital no me dejaron quedarme con él, así que tuve que quedarme en la sala de espera. Tenía los ojos llorosos y busqué un servicio para comprobar el aspecto que tenía. El espejo me devolvió mi imagen distorsionada por las lágrimas, que limpié con el dorso de mi mano. Tenía la chaqueta desgarrada a la altura del codo, la cara llena de surcos dibujados por las lágrimas al caer, y estaba completamente despeinada. Pero eso no me importaba cuando a pocos metros de distancia mi amigo se debatía entre la vida y la muerte. Respiré hondo para retener las lágrimas y volví a la sala de espera, que para mi sorpresa está llena de gente. Pude reconocer a profesores y compañeros de clase, pero todos ellos rodeaban a un grupo de jóvenes a los que no conocía y que parecían más afectados. Mientras me abría paso entre la gente pude oír cuchicheos que hablaban sobre mí: “Es ella” decían. 

Alcancé el centro del tumulto y el grupo de chicos me miró. No sabría decir si en sus ojos había esperanza, rabia o simplemente tristeza, pero inmediatamente supe que eran ellos. No debería haberlos conocido en la sala de espera de un hospital, sino en el relajado ambiente de la cafetería de la universidad; el accidente me había hecho olvidar mi nerviosismo por el encuentro, pero el destino había decidido que debía conocer a los amigos de Gerard.