miércoles, 5 de octubre de 2011

Capítulo 3


Cada vez me parecía más fácil hablar con Gerard, era como si pudiese leer mis pensamientos o estuviera pasando por la misma situación que yo. Pero no podía ser, él tenía amigos en la universidad mientras que yo tan solo le tenía a él. 

Según se acercaba la hora de la comida me iba poniendo más nerviosa. Nunca se me ha dado bien tratar con los chicos, no sabía qué me iba a encontrar y no quería quedar como una imbécil delante de Gerard. Íbamos hablando sobre la clase anterior y la cantidad ingente de deberes que nos habían mandado mientras nos dirigíamos hacia la cafetería. Yo estaba tan perdida en mis pensamientos y en la suerte que había tenido al encontrar a Gerard que no me di cuenta de que el semáforo estaba en rojo. Todo pasó muy rápido, vi un coche acercarse a mí, recibí el golpe y caí al suelo. Podía oír a la gente arremolinarse a mi alrededor, gritos y llamadas de preocupación. Pero no pronunciaban mi nombre. Me dolía la cabeza del golpe, pero conseguí levantarme lentamente y vi una imagen que nunca podré olvidar. Era Gerard, tendido en el suelo. El coche le había atropellado a él después de que me empujara para salvarme, por mi culpa ahora él estaba cubierto de sangre y yo no me podía sentir peor. Es la historia de mi vida, la gente que me conoce no puede ser feliz. Debo ser gafe o simplemente no debería existir para dejar que el mundo siguiera su curso. Pero no, ahora la vida de Gerard estaba en peligro y yo no podía hacer nada.
Sentí rodar una lágrima por mi mejilla y me arrodillé junto a él, tomándole la mano. Sentí cómo apretaba mi mano levemente y no pude dejar de repetir “Lo siento” aunque sabía que él no podría comprender mis palabras. El tiempo pasaba muy despacio, no veía a la gente que nos rodeaba; solo podía pensar en Gerard, no podía dejarle ir tan pronto, no se lo merecía. Cuando había pasado lo que me pareció una eternidad un hombre vestido de uniforme trató de apartarme de Gerard para subirle a la ambulancia, pero le pedí acompañarle aunque fuera lo último que hiciera. La sangre sobre su camiseta hacía juego con su pelo escarlata, parecía tan indefenso sobre la camilla que sentí el impulso de rozar su mejilla con la punta de mis dedos.  Un escalofrío recorrió mi espalda cuando sentí su suave piel, pero un enfermero me apartó bruscamente de su lado.  Seguí observándole desde un rincón de la parte trasera de la ambulancia mientras esta se dirigía rápidamente hacia el hospital. Su cuerpo estaba lleno de heridas y su cabeza no paraba de sangrar. Los médicos decían que se había golpeado contra la carretera al caer, pero yo me sentía como si hubiera sido yo misma quien le había producido todas y cada una de las heridas. Prefería ser yo quien estaba tumbada en la camilla que pensar que Gerard estaba sufriendo por mi despistada cabeza.

Al llegar al hospital no me dejaron quedarme con él, así que tuve que quedarme en la sala de espera. Tenía los ojos llorosos y busqué un servicio para comprobar el aspecto que tenía. El espejo me devolvió mi imagen distorsionada por las lágrimas, que limpié con el dorso de mi mano. Tenía la chaqueta desgarrada a la altura del codo, la cara llena de surcos dibujados por las lágrimas al caer, y estaba completamente despeinada. Pero eso no me importaba cuando a pocos metros de distancia mi amigo se debatía entre la vida y la muerte. Respiré hondo para retener las lágrimas y volví a la sala de espera, que para mi sorpresa está llena de gente. Pude reconocer a profesores y compañeros de clase, pero todos ellos rodeaban a un grupo de jóvenes a los que no conocía y que parecían más afectados. Mientras me abría paso entre la gente pude oír cuchicheos que hablaban sobre mí: “Es ella” decían. 

Alcancé el centro del tumulto y el grupo de chicos me miró. No sabría decir si en sus ojos había esperanza, rabia o simplemente tristeza, pero inmediatamente supe que eran ellos. No debería haberlos conocido en la sala de espera de un hospital, sino en el relajado ambiente de la cafetería de la universidad; el accidente me había hecho olvidar mi nerviosismo por el encuentro, pero el destino había decidido que debía conocer a los amigos de Gerard.

2 comentarios:

  1. TE MATO, TE MATO, COMO MATES A GERARD TE MATO.
    Simplemente eso e_e

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  2. Gracias cariño, yo también te quiero xDD Tenía que hacer algo para que no fuese muy soso, y fue lo primero que se me ocurrió e_e

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